Una crítica Nostálgica
Avelina Lésper es una crítica de arte mexicana que en los últimos años ha causado controversia dentro del debate artístico, debido a su postura, donde sostiene que el arte contemporáneo correspondería a una farsa. Por medio de publicaciones en libros, revistas y ensayos ella desarrolla la idea sobre que la cultura del ready-made ha traído un impacto negativo en el arte contemporáneo, en el cual se privilegian, según ella, obras fáciles, instantáneas y/o de poco trabajo técnico. Para ella, la idea de artista está muy ligada a la del “genio artístico”, quien por medio del talento, el desarrollo de una técnica y el trabajo constante logra crear una obra. Además, postula que el arte actual se ha sobre-intelectualizado, por lo tanto, basta con validar cualquier tipo de objeto/acción con un texto o cita de algún teórico de arte para que el trabajo artístico pase a catalogarse como obra. Lesper utiliza las siglas “VIP” para referirse a las formas artísticas por medio de videos, instalaciones y performances, sigla relacionada con la expresión “Very Important Person” que señala lo excluyente de este tipo de manifestaciones porque para el público común es muy difícil ver estas obras y entender sobre lo que están hablando. En esta perspectiva, Avelina plantea que la obra debe sostenerse por sí misma y que desde la observación personal se debe realizar un análisis a la obra. Además, cree que los marchantes de arte y galerías son sólo especuladores que ven el mundo del arte como una forma de negocio, el cual se sustenta mediante sus coleccionistas multimillonarios. Avelina manifiesta que las instituciones artísticas son parte del engaño ya que adiestran a sus estudiantes para que su producción sea funcional en el mercado y para que tengan la capacidad justificar cualquier “cosa” como arte. Por último, señala que actualmente es imposible hablar de arte ya que este no existiría, sino sólo objetos de moda, consumo y filosofía facilista.
Hoy el arte contemporáneo no se trata de la creación, sino de la idea. Sus argumentos son regresivos, ya que le pide a los artistas que nieguen todo el proceso de la modernidad y que le den la espalda a su entorno.
Avelina afirma que el arte no requiere de su contexto, ya que este trasciende, exigiendo a la obra la capacidad de explicarse por sí sola. Su afirmación me parece poco profesional, ya que, como dice Paul Ardenne, “el arte se inscribe en un lugar y momento histórico específico”. El arte requiere de esta especificidad para poder darse a entender. Contexto y obra van de la mano. No es lo mismo poner, por ejemplo, una silla en un museo a ponerla en medio de la calle, ya que su sentido cambiaría. Y no se trata de que si no lo entiendes la obra a primera vista esta no corresponde a una obra de arte. Las cosas no son de fácil lectura para nosotros en nuestro contexto, no se puede esperar entender una obra sólo por el hecho de mirarla. No todas las obras tratan de un paisaje o algo representacional en donde se muestra de inmediato su contenido. El arte contemporáneo y de hoy te exige entrar en contacto con la obra, te invita a reflexionar. Aunque no la entiendas inmediatamente, pasas por un momento en donde te detienes a pensar lo que el artista o la obra te quiere decir, lo que implicaría un procedimiento intelectual. Entonces, ¿Cómo entender el arte de hoy y su porvenir si no conocemos su historia? No se puede hablar de ciencia sin conocer la ciencia. El arte tiene un mundo y lenguaje propio y se caería en un absurdo opinar si no profundizamos en su campo. No se puede hablar desde el instinto.
¿Cómo entender una obra si no conocemos al artista? Actualmente cada artista tiene una línea de trabajo, un tema de interés y si no nos informamos sería muy difícil de interpretar.
El arte, desde que es arte, ha respondido por medio de su producción artística a la institución, evidenciando sus fisuras. Sin embargo, a partir del punto de vista de Avelina, el arte desde Duchamp no es arte porque no hay “creación”. Avelina comete el error de olvidar toda la historia del arte, da por sentado hechos basados en su opinión. Los artistas contemporáneos utilizaron el ready-made como medio de hacer crítica a la recepción, al carácter aurático de la obra y la autoría. El artista reflexionó sobre “qué se define como arte” y “cómo se produce”, reflejándose en el trabajo artístico. Luego los neo-vanguardistas utilizaron la figura del retorno para hacer crítica a la institucionalidad del arte, tomando como referencia el trabajo de las vanguardias históricas, lo que derivó en las performance, land art, minimal, arte feminista, contextual, etc. Actualmente, es el arte relacional protagoniza la escena artística ya que este visibiliza y excede los límites de la institución, intentando conectarse con la vida. Todos estos hechos generaron un cambio en el modo en que nos relacionamos con el arte, por tanto no podemos validar sus dichos.
Por último, Lesper se refiere al mercado del arte y de cómo muchos artistas con “talento” quedan fuera del circuito porque se copa de artistas mercantiles. Ferias, Bienales, galerías y subastas, son el tipo de actividades a las que se refiere Avelina y que critica rotundamente, ya que al estar avaladas por la élite del arte, de grandes coleccionistas, marchantes, galeristas y artistas a nivel mundial se vuelven profundamente segregadoras. Su fin al ser principalmente mercantil produce que se arme una especie de círculo vicioso donde sólo se difunde cierto tipo de arte y estética. Argumento del que estoy completamente de acuerdo y que es una triste realidad. Pero entonces, ¿Cuál sería el punto que define que un artista pertenezca a las lógicas del mercado? Porque por un lado es bueno que un artista sea connotado ya que su posición permite que su discurso tenga visibilidad, que se difunda y pueda llegar a un público más amplio. Pero a la vez el pertenecer al circuito del arte produce que su obra se vea opacada por la compra y venta de estas, por ejemplo, las obras de Alfredo Jaar, que tienen un discurso profundamente crítico y social, se venden a precios exorbitantes, siendo uno de los artistas chilenos vivos más cotizados.
Puede que su discurso suene muy seductor a la primera, de hecho, casi logra convencerme, pero al analizar sus palabras, he llegado a la conclusión de que sólo es una crítica nostálgica que busca volver a los tiempos pre-duchampianos, quien cree que todo pasado fue mejor. Ella ignora los avances que ha tenido el arte, no porque no los conozca, sino que por mero capricho. Además, su discurso me parece nocivo, violento y destructivo ya que entre líneas defiende una postura ultraconservadora con respecto al arte y me preocupa la cantidad de adhesión que tiene.
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